Conocidas las necesidades que de cada uno de los principios inmediatos tiene el organismo, elaborar una dieta, esto es, elegir los alimentos que han de ingerirse para que los nutrientes contenidos en los mismo cubran dichas necesidades, es una tarea difícil que no se puede describir en unas pocas palabras, debido, fundamentalmente, a las diferencias que existen entre unos individuos y otros y a las distintas composiciones de los alimentos naturales.
Esta dificultad no es tan acusada en el caso de os recién nacidos, ya que, sin duda, el alimento ideal para ellos es la eche materna.
La naturaleza ha dotado a todas las especies de mamíferos del alimento ideal para los primeros momentos del desarrollo; sin embargo, las diferencias existentes entre unas especies y otras se reflejan también en el contenido de nutrientes que presenta esta leche. Así, por ejemplo, mientras que la leche de rinoceronte esta prácticamente desprovista de grasa, la de los mamíferos marinos y la de algunos animales polares pueden poseer hasta un 50% de grasa, ya que las crías de estos últimos necesitan, por el ambiente en que han de desarrollarse, un mayor aporte calórico. también existen diferencias en cuanto a contenido de proteínas, aunque estas no lleguen a ser tan acusadas. La leche humana, por ejemplo, se caracteriza por el bajo contenido en proteínas, que no pasa en general del 1%, lo que supone alrededor del 6% de su valor calórico total. El bajo contenido proteico de la leche humana parece estar relacionado con la lentitud de desarrollo del recién nacido humano; mientras algunas especies de mamíferos-como el conejo-duplican su peso de nacimiento en unos pocos días, el niño tarda ciento veinte días o mas en llegar a este grado de desarrollo.
Pero si la leche materna es la ideal para los primeros estadios del desarrollo, no podemos considerarla como un alimento "completo", ya que posee deficiencias de elementos como el hierro y la vitamina D.
El niño normal, hijo de una madre adecuadamente nutrida, posee en el momento de su nacimiento una cantidad suficiente de hierro, lo que le permite satisfacer su necesidad de este elemento durante los primeros meses de su vida, a pesar del escaso contenido de hierro en la leche materna. Sin embargo, pasados cuatro o seis meses, será necesario suplementar este tipo de alimentación para evitar una deficiencia en el bebe.
Por lo que respecta a la vitamina D, su contenido en la leche materna, e incluso en la leche de vaca, es relativamente bajo, dándose además la circunstancia de que una parte de esta vitamina contenida en la leche humana se encuentra en forma de sulfato hidrosoluble y no puede ser asimilada por el recién nacido. En los países con abundante radiación solar, la suplementación de vitamina D en el recién nacido puede no ser necesaria, ya que ese tipo de vitamina se puede formar directamente en la piel por la acción de los rayos solares; pero, en los países con poco sol será necesario suministrar al recién nacido una dosis suplementaria de aproximadamente diez microgramos de vitamina D al día para evitar el raquitismo.